La libertad religiosa y el respeto hacia los musulmanes
Es contradictorio defender la libertad y la convivencia mientras se promueven prejuicios contra una comunidad religiosa entera. Los actos de extremistas no deben utilizarse para condenar a todos los musulmanes ni para presentar al islam como enemigo de otras religiones.
Los musulmanes inocentes, al igual que personas de cualquier otra religión, merecen vivir en paz, practicar su fe y participar plenamente en la sociedad sin ser perseguidos, discriminados o señalados por las acciones de grupos extremistas.
La libertad religiosa significa precisamente eso: que toda persona tiene derecho a creer, no creer, cambiar de religión, practicar su fe y reunirse con otros para adorar a Dios sin sufrir persecución. Defender esta libertad implica proteger los derechos religiosos de todos, incluso cuando sus creencias sean diferentes de las nuestras.
Los Santos de los Últimos Días no deberíamos tener ningún papel en la islamofobia, salvo para oponernos firmemente a ella, desmontar las falsedades que alimentan el odio y defender junto a los musulmanes y a personas de todas las religiones el derecho fundamental a la libertad religiosa.
Nuestra defensa de la libertad religiosa no significa que tengamos que estar de acuerdo con todas las doctrinas o prácticas de otras religiones. Significa reconocer que la libertad de conciencia y de culto pertenece a todas las personas y que nuestras diferencias religiosas deben resolverse mediante el diálogo, el respeto y la persuasión, no mediante la persecución o la violencia.
Nuestra propia tradición tiene ejemplos de respeto hacia otras religiones. Desde los primeros años de la Iglesia, líderes Santos de los Últimos Días defendieron la protección legal de comunidades religiosas diferentes y reconocieron que la libertad religiosa debía extenderse también a quienes no compartían nuestra fe.
Por eso, cuando una persona es perseguida por ser musulmana, cristiana, judía, budista, hindú, miembro de otra religión o incluso por no profesar ninguna, la defensa de la libertad religiosa nos exige alzar la voz.
No debemos permitir que el miedo, los prejuicios o las acciones de grupos extremistas sean utilizados para justificar la discriminación contra comunidades enteras. Los responsables de actos de terrorismo y violencia deben responder por sus propios actos; los inocentes no deben cargar con la culpa de aquello que no hicieron.
Podemos mantener firmemente nuestras propias convicciones religiosas y, al mismo tiempo, defender el derecho de los demás a mantener las suyas.
La libertad religiosa no pertenece solamente a nuestra religión. Es un derecho que debemos defender para todos.
Y precisamente por eso, cualquier Santo de los Últimos Días que fomente el odio hacia los musulmanes o hacia cualquier otra comunidad religiosa debería reconsiderar seriamente si está actuando de acuerdo con los principios de Jesucristo: amar al prójimo, defender al inocente, buscar la paz y respetar la libertad de conciencia.
Defender la libertad religiosa significa defenderla incluso cuando el creyente que necesita protección no comparte nuestra fe.
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